Sentido crítico con el TURISMO RESPONSABLE: el caso de Accor Turismo / Turismo responsable / Turismo sostenible

turismo_responsableEl turismo responsable no sólo gana adeptos sino que además gana presencia en el panorama turístico nacional e internacional. Por mucho que desde muchos sectores e iniciativas se le siga viendo como un nicho de mercado del que sacar un beneficio económico, tal y como se le presenta en el especial de la revista Hosteltur, el turismo responsable debe suponer un cambio de consciencia para cualquier actor implicado dentro de la actividad turística, empezando evidentemente por el tipo de propuestas que hagan los destinos y la parte implicada en la oferta, pero sin olvidar al propio viajero. En la medida en que nosotros como turistas seamos consecuentes y responsables con nuestras decisiones, con el suficiente sentido crítico de saber escoger opciones que aboguen por un sentido de la sostenibilidad integral y real, estaremos abriendo camino para que el turismo responsable se consolide como un atributo necesario y exigible a cualquier propuesta turística, no como un segmento de mercado más. Hablar de turismo responsable no implica poner encima de la mesa sólo indicadores ambientales, reducir la huella ambiental, el consumo de recursos o la generación de residuos. Evidentemente que es una parte importante del concepto, pero me temo que también es la más fácil de llevar a la práctica y, por tanto, la carta de presentación de la mayoría de iniciativas que se están subiendo al carro de la moda. Por el contrario, el turismo responsable no se puede concebir sin tener en cuenta el impacto cultural, económico y sobre todo social de la actividad turística en un destino. Cumplir con todo esto ya resulta más complicado.

Para argumentar lo que estoy exponiendo, voy a poner un ejemplo. La cadena hotelera  Accor, ha presentado un nuevo programa de desarrollo sostenible, Planet 21, con un decálogo de acciones obligatorias que esperan implantar en el 50 por ciento de sus hoteles en todo el mundo para 2015, con el objetivo de “reinventar la hostelería para hacerla más respetuosa con el medio ambiente” y aplicar políticas que logren una mayor implicación de sus clientes. La iniciativa supone un gran impacto promocional, de imagen y vaya por delante que yo soy de la opinión de que, antes que una cadena de esta magnitud se quede de brazos cruzados, mejor que haga algo así. La acción busca resultados en parámetros relacionadas con la salud de los clientes (ofreciendo productos ecológicos o menús equilibrados en su restaurante), con la naturaleza (reduciendo el consumo de agua o la generación de residuos), con la minimización de la huella de carbono (empleando bombillas de bajo consumo o reduciendo el consumo energético), con la innovación, con el uso de productos locales o implementando políticas de formación para empleados.

Planet21

A priori, nada que objetar y, sin duda, son acciones que se pueden enmarcar dentro de una política encaminada hacia la responsabilidad y sostenibilidad, principalmente ambiental. El problema de estas acciones es que obvian sistemáticamente las vertientes sociales y económicas. De hecho, cadenas como Accor las dejan a un lado porque no tienen en absoluto nada de lo que presumir en este sentido. Sin ir más lejos, Accor no paga impuestos en México, merced a programas de estímulos fiscales con la manida excusa de atraer inversión, impulsar el avance tecnológico y generar empleos. Quién dice México dice cualquier otro país, porque esta es una práctica muy extendida entre las principales multinacionales turísticas: se cuelan en países ávidos de inversión extranjera gracias a provechosos acuerdos fiscales y menores requisitos en cuanto a políticas de empleo, con lo que su expansión es dulce y productiva. En 2015 está previsto que Accor duplique su presencia en México alcanzando los 25 establecimientos.

¿Qué pasa con el retorno de esa inversión? Hay estudios y corrientes de opinión que cifran en un 80 ó 90% el retorno de los beneficios generados al país de origen de la inversión y la política expansionista de Accor no se queda atrás. Es algo que no nos debe sonar lejano, porque en la actualidad estamos viviendo un caso exactamente igual de puertas para dentro en España con la carta blanca que le está dando al magnate Sheldon Adelson con el futuro EuroVegas en Madrid o Barcelona. El África Subsahariana es otro buen termómetro. Se trata de la región del planeta que más ha crecido en términos turísticos en los dos primeros meses de 2012, en una progresión que le ha llevado a duplicar las cifras de llegadas desde el año 2000 hasta la actualidad, superando la cifra de 33 millones de llegadas de turistas en 2011.

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Ante semejante poder de atracción, las principales multinacionales hoteleras hace tiempo que están moviendo ficha. De hecho, el número de hoteles internacionales en las regiones del África subsahariana se ha incrementado un 42% sólo en el último año, entre las que Accor (bien sola o a través de su marca Ibis) es una de las más activas. Tan activa es que es una de las cadenas hoteleras con presencia en Guinea Ecuatorial, uno de los países con mayor índice de corrupción del planeta y con una dictadura liderada por Teodoro Obiang, que lleva más de 30 años instaurada en el poder. El país está atrayendo importantes flujos de inversión extranjera subido a los altares gracias a los fructíferos yacimientos de petróleo que están enriqueciendo a sus gobernantes, a pesar de que la esperanza de vida su población es de 49,9 años y el país ostenta el puesto 118 (de 182) según el índice de desarrollo Humanos de la ONU.

A pesar de que las condiciones políticas y democráticas desaconsejan el viaje y que es extremadamente complicado conseguir un visado de turista, hay cuatro hoteles de reciente construcción de la cadena Accor en Guinea Ecuatorial, terminados y operativos. Dos de ellos de lujo de la marca Sofitel y otros dos de la marca Ibis. Esta es una receta que, independientemente de si se trata de una dictadura de facto o no, se repite una y otra vez ligado a este tipo de políticas expansionistas: aumento de los flujos de capitales desde el exterior, superposición de los intereses de las grandes empresas extranjeras frente a los pequeños productores locales o, en el caso del turismo, de las grandes cadenas hoteleras internacionales frente a los emprendedores locales. ¿Dónde queda la sostenibilidad económica o social de una cadena como Accor ante esta realidad? Si contextualizamos la iniciativa Planet 21 con estas cuestiones, evidentemente que resulta una tomadura de pelo hablar de turismo responsable.

¿Dónde queda nuestro papel en todo este entramado? Como decía al principio, la responsabilidad ligada al turismo es parte indisociable de las decisiones que tomamos como turistas. En nuestro sentido crítico reside parte del éxito o no, en lograr la transversalidad o no del turismo responsable dentro del sector. Ante el bombardeo de propuestas y opciones al que nos estamos viendo sometidos, debemos ser nosotros los que impongamos unos criterios mínimos que tengan en cuenta la sostenibilidad ambiental, social, cultural y económica. No se trata de demonizar la inversión extranjera, sino de primar propuestas a pequeña escala, que impliquen a la población local de manera activa, con condiciones laborales que se alejen de la precariedad, que redistribuyan una parte importante de los beneficios que se generen en el destino, que huyan de la folclorización y apuesten por el valor de la diferencia o de lo auténticamente local. Todo ello sin obviar la parte ambiental, pero sin darle un protagonismo único.


Formado en comunicación y turismo, fue en el sector turístico donde precisamente comenzó a apreciar la necesidad de un giro a la hora de viajar y practicar turismo. Considera que un viaje responsable no sólo se reduce a una adecuada práctica medioambiental, sino que debe resumir todas las habilidades que se suponen implícitas a las buenas relaciones personales, aunque no siempre es así. Tal vez resulte paradójico pensar que todo viaje debe convertirse en un intercambio social y cultural, pero... ¿por qué no intentarlo? Con experiencia profesional contrastada en medios de comunicación y en entidades públicas y privadas dentro del sector turístico, es uno de los fundadores de Ecotumismo y lleva la gestión editorial y coordinación de proyectos desde su puesta en marcha en 2009. En esta última etapa de su vida profesional ha adquirido experiencia nacional e internacional en el marco de proyectos vinculados al turismo responsable trabajando como consultor freelance a través de Ecotouristing. Además ha adquirido un notable conocimiento de la realidad actual del sector del turismo rural en España, gracias a su trabajo como responsable de comunicación y coordinación de proyectos con la Fundación Ecoagroturismo. A principios de 2013 se ha incorporado al equipo del portal de turismo temático Turinea para dar soporte en tareas de comunicación y marketing, además de desarrollar el proyecto Rutas turísticas y Paisajes Sonoros. Una innovadora iniciativa para poner en valor una red de rutas turísticas basadas en experiencias sensoriales etnográfico-culturales y ambientales, con la premisa de fomentar un tipo de turismo responsable y sostenible. Se enfatizará el carácter innovador del proyecto a través de herramientas sonoras al servicio de las nuevas tecnologías, que servirán como elemento clave de conservación cultural, como instrumento de promoción y como hilo conductor de las diferentes propuestas.

Opiniones

  1. […] Sentido crítico con el TURISMO RESPONSABLE: el caso de Accor …13 Jun 2012 … El turismo responsable marca la agenda de destinos y compañías a nivel internacional. Nuestro criterio debe marcar la sostenibilidad real de … […]

  2. […] Europeo SusTEn Mechanism, y ver como algunos ponentes ponen como ejemplos de turismo sostenible a Accor, Sol Meliá, NH o Barcelona como el primer destino certificado en turismo responsable en todo el […]

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