La semana pasada estuve en la mesa redonda “La cara oculta del turismo. Impactos socio-ambientales y construcción de alternativas desde el Sur”, organizada por el Foro de Turismo Responsable en la Casa Encendida de Madrid. El debate, enriquecido por el buen nivel de todos los participantes en la mesa, pronto centró mi atención sobre Rodrigo Fernández Miranda, autor del libro ‘Viajar perdiendo el sur’, una crítica al turismo de masas de la globalización y de quién ya tenía buenas referencias. La ponencia de Rodrigo incidió en muchas cuestiones implícitas a la industria turística y que no siempre son visibles para la mayoría de viajeros, empezando por el hecho de que el acto de viajar se ha democratizado de tal manera que ha pasado de ser un bien de lujo al alcance de las clases más pudientes a ser más que accesible a las clases medias. Unas clases medias que, precisamente con su entrada en el mercado de los viajes, son las que han propiciado el turismo de masas tal y como lo concebimos hoy en día y con una evolución extremadamente rápida. De los 20 millones de desplazamientos que se contabilizaron en 1950 hemos pasado a los 980 que se alcanzaron el año pasado, a las puertas de superar la histórica cifra de 1.000 millones durante este 2012.
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