Línea editorial ECOLOGÍA

ecología

¿Cuando piensas en la palabra ecología, que se te viene a la mente?

Probablemente, la defensa y protección del medio ambiente… pero si hacemos un análisis etimológico podemos encontrarnos con una sorpresa: ecología  procede del griego «οίκος» oikos = “casa” y «λóγος» logos = “conocimiento”. Esto implica que hablamos de un concepto que va mucho más allá de la simple defensa y protección del medio ambiente, que estudia a los seres vivos en conjunto, a su entorno y la interacción que surge de esa relación. Es más, según el propio diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la ecología es una parte de la sociología, que estudia la relación entre los grupos humanos y su ambiente, tanto físico como social. El conocimiento de nuestra casa y cómo nos movemos en ella, con todo lo que implica.

Efectivamente, la ecología es un término muy amplio que forma una parte muy importante de la filosofía que nace de Ecotumismo y que incide en la raíz de la naturaleza misma de la existencia humana: las relaciones sociales. Por ello, defendemos la búsqueda de un equilibrio, no sólo con la naturaleza que nos rodea sino también con los seres humanos con los que convivimos. En esa línea, la ecología y las prácticas sostenibles deben ser un nexo de unión fundamental e indisociable a todos nosotros, no un punto discordante. De hecho, asistimos a un bombardeo indiscriminado del prefijo ECO, en la mayoría de los casos por un uso partidista y ventajista propio de la moda del momento, por lo que nos conviene a todos distinguir que implica su uso.

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Llevar un estilo de vida ECO implica una serie de comportamientos y conocimientos para potenciar nuestra interacción positiva con el entorno y con el resto de seres vivos con los que compartimos espacio.  Nosotros hablamos de que está en tus manos cambiar el rumbo de las cosas, pero… ¿se trata de una frase utópica o real? Nosotros creemos que no sólo real, sino con gran poder y fuerza siempre que se piense y se utilice en clave positiva. Por eso ha sido uno de los principios de Ecotumismo y por eso queremos hacer hincapié en su valor y verdadero significado. ¿Qué tiene más sentido: luchar por destruir lo que no queremos o luchar por construir lo que queremos?

En el centro del debate mediático y político se integran cada vez con más fuerza conceptos como el cambio climático, el fin del petróleo o el mal entendido ‘desarrollo sostenible’. Son muchos los organismos anti-sistema o entidades ecologistas y medioambientalistas que, con el fin de llamar la atención y crear conciencia del problema, lanzan potentes campañas que plantean finales catastrofistas y que se basan en el miedo, la culpa y el choque como motor de acción y reacción. Pero… ¿y si el verdadero motor del cambio está en que seamos constructivos en lugar de destructivos y positivos en lugar de negativos? ¿No merece la pena mirar hacia el futuro con un poco de optimismo, tratando de ayudarnos los unos a los otros?

Visionar el futuro que queremos y deseamos y afirmarlo con rotundidad es una herramienta mucho más poderosa de lo que la gente cree. El poder de la imagen y de la palabra… ¿Y si en lugar de imaginarnos un futuro apocalíptico, lleno de desastres, pérdidas y catástrofes, empezamos ya a verlo como un futuro lleno de oportunidades? ¿Es posible el cambio a partir del imaginario colectivo? Si se consigue dibujar una vida futura mejor o igual a la que tenemos ahora, pero sin coches, con huertos y alimentos ecológicos, con espacios verdes, autosuficientes a escala local, respetuoso con el medio… ¿no conseguiremos involucrar a la gente y aumentar sus ganas de participar? Tratando de paralizar a la población frente al miedo de un futuro terrible, ¿no hacemos lo mismo que muchos gobiernos y multinacionales que utilizan el miedo como un instrumento de poder?

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Ecología sonora

Volviendo a la búsqueda del equilibrio que promueve la Ecología, en este caso con la naturaleza que nos rodea, nos gustaría incidir en otro aspecto. Hablamos mucho de la influencia que estamos ejerciendo sobre el paisaje, en especial en zonas de costa o en el medio rural. Las zonas de costa, sin duda, han sido mucho más susceptibles de sufrir la especulación urbanística en forma de construcciones masivas que han transformado el paisaje por completo. El paisaje rural no se queda atrás, afectado por cuestiones como el cambio climático, la desertización y, sobre todo, la influencia de la industria agroquímica, en especial en España. El auge de los transgénicos está propiciando un cierto abandono de las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales y, con ellas, un éxodo rural de personas que está modificando definitivamente el paisaje.

Dicho esto, conviene pararnos en otra cuestión. Cuando pensamos en un paisaje generalmente evocamos imágenes o escenas como en una fotografía estática. Se trata de una representación visual, en donde se deja de lado el aspecto acústico y el sonido, la parte sonora del paisaje. Igual que otros aspectos como pueden ser la gastronomía, el carácter de la gente o la arquitectura, los sonidos también forman parte de la identidad de un territorio. Si pensamos en cómo sonaba la ciudad de Barcelona o la de Madrid hace 50 años y como lo hace ahora, ¿el sonido será el mismo? Está claro que no, pero por desgracia, a diferencia del gran material visual con el que contamos de los últimos 50, 60 ó 70 años, no existen registros acústicos para poder compararlos.

Si pensamos en un paisaje rural inhóspito, en donde ahora pasa una línea ferroviaria, no sólo habrá un gran impacto en el paisaje visual, sino también y sobre todo en el sonoro. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce al sonido como un patrimonio intangible de los países, que da identidad a los pueblos por reflejar sus aspectos sociales, medioambientales, culturales, políticos y hasta económicos. En este sentido, el concepto de ecología acústica descansa sobre la relación que mantienen las personas en su entorno acústico, planteando por ejemplo, si esta relación es equilibrada o no, si facilita la integración del individuo dentro de la comunidad o si, por el contrario, resulta ajena o insostenible.

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